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Chile pierde competitividad en la agroexportacion frente a Peru

Durante los últimos quince años, Perú ha dejado de ser un competidor emergente para consolidarse como uno de los principales actores de la agroexportación mundial. El crecimiento sostenido de sus envíos de arándanos, uva de mesa, paltas, espárragos y otros productos agrícolas refleja una estrategia de largo plazo que ha logrado atraer miles de millones de dólares en inversión privada, incluyendo capitales provenientes de empresas chilenas.

Mientras Chile enfrenta desafíos asociados al cambio climático, la escasez hídrica, mayores costos operacionales y una creciente incertidumbre regulatoria, Perú ha construido un ecosistema orientado a facilitar la inversión, incorporar nuevas tecnologías y expandir su superficie agrícola mediante grandes proyectos de irrigación.

Para diversos analistas, la diferencia entre ambos países ya no radica únicamente en las condiciones naturales, sino en la capacidad para diseñar políticas públicas que favorezcan la competitividad del sector.

Infraestructura como política de desarrollo

Uno de los principales factores que explica el crecimiento peruano ha sido la inversión en infraestructura hídrica. A través de proyectos de irrigación desarrollados durante las últimas décadas, el país incorporó miles de hectáreas agrícolas en zonas desérticas, transformando regiones como Ica, La Libertad, Lambayeque y Piura en polos agroexportadores de escala mundial.

La disponibilidad de agua permitió desarrollar agricultura intensiva donde anteriormente existían limitaciones productivas, generando un entorno atractivo para inversionistas nacionales e internacionales.

Un ambiente favorable para la inversión

Otro elemento diferenciador ha sido la capacidad del Estado peruano para entregar señales de estabilidad a largo plazo.

El desarrollo de proyectos agrícolas de gran escala, la disponibilidad de terrenos, la apertura comercial y una visión coordinada entre el sector público y privado han contribuido a posicionar al país como uno de los destinos más atractivos para la inversión agroindustrial en América Latina.

Este escenario ha llevado incluso a que diversos grupos empresariales chilenos decidieran ampliar parte de sus operaciones agrícolas en Perú, aprovechando mejores condiciones para desarrollar nuevas plantaciones y aumentar su capacidad exportadora.

Innovación genética y orientación al mercado

La rápida incorporación de nuevas variedades de arándanos y uva de mesa permitió aumentar significativamente la productividad, mejorar la calidad de la fruta y responder con mayor rapidez a las exigencias de los mercados internacionales.

A diferencia de modelos más tradicionales, la estrategia peruana se enfocó en producir variedades con mayor demanda comercial, privilegiando la innovación genética, la productividad y la diferenciación.

Como resultado, Perú logró transformarse en el principal exportador mundial de arándanos frescos y uno de los mayores exportadores de uva de mesa, desplazando progresivamente el liderazgo histórico que mantenía Chile en ambos segmentos.

Más que producir: construir un ecosistema

Para Bruno Carmona, el éxito peruano responde a una visión integral de desarrollo.

«Perú entendió que competir en agricultura no consiste solamente en producir más, sino en desarrollar infraestructura, asegurar disponibilidad de agua, atraer inversión privada, incorporar innovación genética y construir un ecosistema donde el Estado y el sector privado trabajen con objetivos comunes. Esa estrategia explica gran parte del liderazgo que hoy observamos en berries, uva de mesa y otros cultivos de exportación.»

El desafío para Chile

El avance peruano plantea interrogantes relevantes para la agricultura chilena.

Si bien Chile mantiene fortalezas como su experiencia exportadora, prestigio sanitario, tratados de libre comercio y capacidad técnica, diversos especialistas coinciden en que el país necesita acelerar la incorporación de innovación, reducir brechas de productividad y generar mejores condiciones para atraer nuevas inversiones.

Para Maximiliano Morales, Business Advisor y CEO de Amix Tech Lab, el escenario actual representa un llamado de atención para toda la industria.

«Durante muchos años Chile lideró la agricultura latinoamericana gracias a su capacidad exportadora. Sin embargo, hoy la competencia se define por la velocidad para innovar, atraer inversión y construir ecosistemas que permitan escalar nuevos proyectos. Perú comprendió que debía competir por capital, tecnología y talento, no únicamente por superficie agrícola.»

Morales agrega que la próxima etapa de la agricultura mundial estará marcada por la digitalización y la inteligencia artificial.

«La ventaja competitiva ya no dependerá solamente del clima o de la disponibilidad de tierra. Los países que lideren serán aquellos capaces de integrar inteligencia artificial, agricultura de precisión, automatización, sensores, Internet de las Cosas, gestión inteligente del agua y análisis predictivo para producir de forma más eficiente y sostenible. Chile posee el conocimiento, el capital humano y la experiencia para volver a posicionarse, pero requiere una estrategia país que articule innovación, inversión y desarrollo territorial con una visión de largo plazo.»

Más que una competencia entre dos países, el caso de Perú evidencia cómo una estrategia consistente de infraestructura, innovación y atracción de inversiones puede transformar una industria completa y redefinir el mapa agroexportador de América Latina. Para Chile, el desafío ya no es solo mantener su posición histórica, sino adaptarse a un escenario donde la competitividad se construye desde la planificación estratégica y la adopción acelerada de nuevas tecnologías.

 

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