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¿Es el momento de volver a producir Salitre en el desierto de Atacama?

Chile tiene una oportunidad frente a nosotros que puede parecer una idea del pasado, pero que merece ser analizada con tecnología del futuro: ¿es el momento de volver a mirar el salitre del desierto de Atacama como un recurso estratégico para la agricultura?

Según comenta Maximiliano Morales, Ingeniero Agrónomo y Advisor de Proyectos AgTech, la pregunta no significa regresar al modelo salitrero del siglo XIX ni competir directamente con la urea producida masivamente mediante procesos industriales. Significa algo diferente: preguntarnos si Chile puede transformar una ventaja geológica única en una nueva plataforma de innovación, ciencia aplicada y fertilizantes especializados.

El contexto internacional vuelve a poner el tema sobre la mesa. La disponibilidad y el precio de los fertilizantes están expuestos a conflictos geopolíticos, restricciones comerciales, energía, transporte y disrupciones de las cadenas globales. La International Fertilizer Association está proyectando escenarios para 2026-2030 precisamente considerando riesgos sobre oferta, asequibilidad y demanda de fertilizantes.

Chile, además, continúa dependiendo fuertemente de las importaciones. Según cifras de ODEPA, durante enero-marzo de 2026 las importaciones de fertilizantes alcanzaron 219.995 toneladas, un 24,7% más que en igual período de 2025. En el caso de la urea, las importaciones llegaron a 85.605 toneladas, un aumento de 113,7% en volumen y de 132,6% en valor.

Entonces aparece una pregunta estratégica: ¿por qué Chile debería importar parte de los nutrientes que históricamente produjo en uno de los depósitos naturales de nitratos más importantes del planeta?

El salitre chileno —nitrato de sodio— no desapareció completamente. Actualmente existen productores que extraen nitratos naturales desde el caliche del desierto de Atacama y los transforman en fertilizantes solubles, incluyendo nitrato de sodio, nitrato de potasio y mezclas de ambos.

Por eso, más que “volver a producir salitre”, hablaría de reimaginar la industria del nitrato natural chileno.

La antigua industria competía por volumen. La nueva debería competir por valor agregado.

El nitrato de sodio entrega nitrógeno en forma nítrica, directamente disponible para las plantas. Pero su verdadero potencial podría estar en determinados sistemas agrícolas donde el costo del fertilizante representa una proporción menor del valor final de la producción.

Aquí aparece la pregunta más interesante: ¿existirá algún cultivo capaz de pagar la diferencia entre un fertilizante nitrogenado convencional y un nitrato natural chileno de mayor valor?, pues bien, en este caso estamos hablando de que el mercado potencial está en la agricultura de alto valor como los

berries, frutales de exportación, producción bajo invernadero, hidroponía, horticultura intensiva, flores y determinados cultivos donde la precisión nutricional puede impactar productividad, calidad, calibre, condición de fruta y retorno económico, destaca Maximiliano Morales.

La agricultura moderna ya está avanzando hacia la fertirrigación, sensores, agricultura de precisión y aplicación de nutrientes según demanda real del cultivo. En ese escenario, el fertilizante deja de ser simplemente “un saco de nitrógeno” y se transforma en una herramienta dentro de un sistema tecnológico, destaca Matias Pasten de la Water Tech, Imbert Labs de Ovalle, donde se esta impulsando el Primer Laboratorio de Inteligencia Artificial y estan dispuestos a realizar los pilotos con salitre chileno, sobre todo en los invernaderos de produccion de plantas para reforestacion que estan gestionando post mega tormenta en la region de coquimbo.

El propio mercado internacional de nitratos de especialidad apunta en esa dirección: los cultivos de alto valor y los sistemas hidropónicos valoran particularmente fuentes solubles y formulaciones que permitan una nutrición precisa y se vuelve a re afirmar que Chile podría tener una ventaja adicional en relacion al origen natural del nitrato.

En Estados Unidos, el nitrato de sodio natural tiene un tratamiento específico dentro de la regulación de agricultura orgánica, aunque con restricciones y condiciones que están siendo revisadas actualmente. Esto demuestra que existe un mercado dispuesto a discutir el valor de esta fuente de nitrógeno más allá del simple precio por tonelada.

El nitrato de sodio aporta sodio, y eso puede convertirse en una limitación agronómica si se utiliza de manera indiscriminada, especialmente en zonas áridas y semiáridas. Una revisión técnica del USDA advierte precisamente sobre el riesgo de acumulación de sales y sodicidad en determinadas condiciones y es justamente ahí aparece la oportunidad para Chile.

No deberíamos comenzar preguntando cuánto salitre podemos extraer. Deberíamos preguntar cuánto valor agronómico podemos generar por cada tonelada extraída y eso requiere investigación para realizar un programa nacional de “Salitre 4.0”, donde universidades, centros tecnológicos, empresas mineras, agricultores y startups AgTech desarrollen ensayos comparativos en distintos cultivos.

Tesis de Alumnos de Agronomia

El informe de AmixTechLab.com destaca que es sabido que el nicho de la Carrera de Agronomia necesita innovar, razon por la cual, se puede generar un ciclo de tesis de grado para estudiar ejemplos como

¿Cuánto más tendría que pagar un productor de arándanos por un nitrato natural si obtiene mayor productividad o mejor condición de fruta?

¿Existe una respuesta similar en uva de mesa, cerezas, tomates de invernadero, pimientos, flores o cultivos hidropónicos?

Finalmente, Maximiliano Morales destaca que lo que falta es conectar esas capacidades con los corporativos y empresas agricolas, ya que la historia del salitre demuestra que cuando Chile combinó recurso natural, capital, tecnología e innovación, fue capaz de construir una industria de relevancia mundial. También demuestra el peligro de depender de un modelo basado exclusivamente en una materia prima y no anticipar el cambio tecnológico. La industria salitrera fue una de las principales actividades económicas del país entre 1880 y 1930, hasta que la aparición de los fertilizantes sintéticos transformó completamente el mercado.

Si encontramos los cultivos capaces de pagar esa diferencia, podríamos estar frente a una oportunidad que combina minería, agricultura, ciencia, tecnología, innovación y seguridad alimentaria.

Y quizás el próximo gran producto agrícola de Chile no esté en una plantación.

Quizás vuelva a comenzar en el desierto.

max@amixtechlab.com 569 3251 7848

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