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Chile tiene talento, locaciones y reconocimiento internacional. ¿Por qué todavía cuesta atraer inversión privada al cine?

Escrito por Maximiliano Morales

El otro día estaba hablando con el historiador Alex Ovalle Letelier sobre el negocio del cine en Chile y la importancia de incluir hechos históricos que conecten a las audiencias globales con historias que ocurrieron en nuestro país.

Segun mi experiencia, el desafío de los historiadores es ampliar la paleta de hechos históricos que tuvieron a Chile como escenario clave y ampliar el foco hacia acontecimientos relevantes del desarrollo económico y humano que tuvieron a Chile como eje de una historia que pueda ser apreciada por los fanáticos del cine.
Una película no debería terminar en su último día de exhibición.

Es más, debería generar documentales, nuevos canales de distribución y nuevas oportunidades para el territorio. Cuando una producción internacional se filma en Chile, puede generar además un punto de atracción turística para mostrar dónde y cómo se grabó una determinada parte de la película.
Texas, Mexico y Chile

Cuando vivía en México conocí a Kenneth Müller, un director de cine de Guatemala que ha realizado decenas de películas basadas en personajes históricos de su país, con gran éxito, lo que me hizo pensar de la importancia de potenciar el Cine Chileno desde mi perspectiva.

A su vez, colaboré con Víctor Gallo, cineasta, productor y editor audiovisual con alrededor de 20 años de experiencia en cine, televisión, publicidad y medios digitales. Ha trabajado en Nueva York y ha participado en proyectos para grandes marcas y medios como Amazon, Google, NBA, Turner TV y The Atlantic. También ha producido y editado documentales y cortometrajes narrativos, gestionando producciones con presupuestos de cinco a siete cifras y equipos de hasta 50 personas.

Entonces, la pregunta que surge es: si Chile tiene talento, locaciones y reconocimiento internacional, ¿por qué todavía cuesta atraer inversión privada al cine?

El desafío no es solamente producir películas: es construir una industria audiovisual capaz de atraer capital privado, generar propiedad intelectual y proyectar a Chile hacia los mercados internacionales.

Cada cierto tiempo, una película chilena consigue reconocimiento internacional y vuelve a aparecer una pregunta que, hasta ahora, no hemos logrado responder completamente.

La pregunta es especialmente relevante después de la creciente presencia de producciones chilenas y latinoamericanas en festivales internacionales y del interés que despiertan determinadas locaciones chilenas.

Está claro que el talento existe. Las locaciones también, y tenemos directores, guionistas, productores, actores y actrices capaces de trabajar en producciones de alcance internacional.

También tenemos territorios únicos, que todos sabemos que existen: desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia; desde los valles vitivinícolas hasta la cordillera; desde Santiago y Valparaíso hasta Chiloé, el extremo austral y Rapa Nui.

Tenemos, además, una diversidad cultural, geográfica y climática que permite representar, en pocos kilómetros, paisajes y ambientes que en otros países requieren recorrer grandes distancias.
Entonces, ¿qué está faltando?

En una sesión de trabajo con Alex Ovalle Letelier, donde conversamos sobre la importancia de la música en la sociedad, surgió también una reflexión a partir de su columna “Chile conectado, pero sin cables en la guitarra”. https://amixtechlab.com/2026/09/24/chile-conectado-pero-sin-cables-en-la-guitarra/

Esta conversación me hizo pensar en la iniciativa que estamos impulsando en Austin, Texas, para potenciar el cine chileno a nivel global, porque tengo claridad de que el cine puede transformarse en una industria de exportación de servicios.

Mi objetivo es conectar el cine con los nichos de turismo, tecnología, hotelería, transporte, gastronomía, construcción, logística y desarrollo territorial.

En alianza con Juan Carlos Nuñez Agreda de URKAN Innovación y Proyectos estamos trabajando para explicar la importancia de invertir en cine. Aunque Chile posee instrumentos públicos de apoyo a la industria audiovisual, se puede hacer mucho más. El problema es que los fondos públicos, por sí solos, no construyen una industria.

Pueden ayudar a desarrollar proyectos y disminuir barreras de entrada, pero debemos construir una industria sostenible gracias al capital privado.
Filantropía, conservación y documentales

Francisca Cortés Solari representa un ejemplo de cómo Chile puede conectar filantropía, conservación, comunicación e inversión de impacto para abordar los desafíos del océano.

Su trabajo no se limita a la conservación: también ha impulsado la creación y difusión de videos, documentales y contenidos audiovisuales que ayudan a visibilizar los ecosistemas marinos, la biodiversidad y la importancia de protegerlos, acercando estos temas a una audiencia mucho más amplia.

Su experiencia muestra que el océano puede ser entendido no solo como patrimonio natural, sino también como un activo estratégico para Chile, capaz de generar innovación y nuevas oportunidades económicas sostenibles.

El desafío está en conectar capital, empresas, ciencia, tecnología y comunicación para desarrollar una verdadera economía azul, especialmente en áreas como OceanTech, biodiversidad, monitoreo, acuicultura sostenible y turismo.

En ese sentido, sus producciones audiovisuales también demuestran el valor de contar historias para movilizar conciencia, inversión y acción en torno al océano.

Telenovelas al cine

El caso de la recientemente estrenada película Papi Ricky es un excelente ejemplo.

Nació como una exitosa teleserie de Canal 13 en 2007, protagonizada por Jorge Zabaleta, Tamara Acosta, María Elena Swett y Belén Soto. La producción tuvo 135 capítulos y se convirtió en una de las ficciones chilenas más recordadas de esa época.

Casi dos décadas después, sus personajes regresaron a la pantalla grande con Papi Ricky: La película, estrenada en cines chilenos el 27 de agosto de 2026, nuevamente con Zabaleta, Soto y Swett, bajo la dirección de Sebastián Schindel y con guion de Sebastián Arrau.

La historia retoma a Alicia ya adulta, quien regresa a Chile para presentar a su futuro esposo, generando un nuevo conflicto familiar.

El caso resulta interesante porque muestra una oportunidad que Chile todavía puede desarrollar mucho más: convertir personajes, historias y audiencias creadas originalmente para televisión en propiedad intelectual capaz de generar nuevas películas, series y contenidos para distintas plataformas.

Las teleseries chilenas ya tienen algo que muchas producciones cinematográficas deben construir desde cero: personajes conocidos, actores reconocidos y una audiencia que ya tiene un vínculo emocional con la historia.

En un escenario donde las plataformas digitales permiten que series completas permanezcan disponibles y sean descubiertas años después, el desafío no debería ser solamente seguir produciendo teleseries, sino preguntarnos cómo transformar ese conocimiento acumulado en una industria audiovisual más amplia, donde televisión, cine y plataformas se alimenten mutuamente.

Papi Ricky demuestra que una historia creada para la televisión puede volver casi 20 años después al cine. El siguiente paso podría ser desarrollar sistemáticamente ese modelo y convertir las producciones chilenas en verdaderas franquicias de propiedad intelectual audiovisual.

Hollywood en Chile

Otro ejemplo a destacar es Wild Horse Nine, dirigida por Martin McDonagh y protagonizada por John Malkovich, Sam Rockwell y Steve Buscemi, que fue filmada en Rapa Nui, convirtiendo nuevamente a Chile en escenario de una producción cinematográfica internacional de alto nivel.
La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia 2026, donde recibió una ovación de 14 minutos.

Un elemento especialmente relevante para Chile es la participación de la actriz Mariana Di Girolamo, quien interpreta a Mónica, una joven universitaria chilena que establece una relación con el personaje interpretado por John Malkovich.

Su actuación fue destacada por la crítica y por el propio equipo de producción. El productor ejecutivo chileno Cristián Donoso señaló que su personaje funciona como un importante anclaje moral y emocional dentro de la historia.

Martin McDonagh, después de verla en Ema, la eligió directamente tras el proceso de casting. La producción también incorporó a la actriz chilena Paola Giannini.

El caso resulta especialmente potente para el análisis de la industria audiovisual chilena: Rapa Nui aporta el territorio, Chile aporta talento y profesionales, y una producción internacional aporta capital, visibilidad y conexiones globales.

Esto demuestra que la oportunidad no consiste únicamente en producir más películas chilenas, sino también en convertir a Chile en una plataforma para atraer producciones internacionales, desarrollar servicios audiovisuales y posicionar a nuestros actores y técnicos en proyectos de alcance mundial.
En otras palabras, Wild Horse Nine muestra que una locación chilena puede convertirse en un activo económico, turístico y cultural, mientras el talento nacional puede transformarse en parte de una cadena de valor audiovisual internacional.

Desde Amix Tech Lab

En Amix Tech Lab nos interesa precisamente esa intersección entre capital, talento, negocios, internacionalización y desarrollo territorial.

La industria audiovisual puede ser una nueva oportunidad para conectar empresarios, inversionistas, productores, startups, territorios y mercados internacionales.

Necesitamos escalar, internacionalizar y construir negocios alrededor de nuestros territorios.

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